La gestión de emergencias en Estados Unidos ha sido un tema de gran relevancia, especialmente tras el huracán Katrina, que dejó una huella imborrable en la historia del país. En el 20 aniversario de esta tragedia, la administración actual ha comenzado a desmantelar las estructuras que se habían establecido para prevenir y gestionar desastres naturales, lo que ha generado preocupación entre expertos y ciudadanos. Esta situación se agrava con la falta de experiencia en los nuevos nombramientos dentro de la Agencia Federal de Gestión de Emergencias (FEMA), lo que podría tener consecuencias devastadoras en futuras crisis.
La respuesta del gobierno ante desastres naturales ha sido objeto de críticas desde el huracán Katrina, donde la falta de coordinación y preparación resultó en una catástrofe humanitaria. El presidente George W. Bush reconoció en su momento que la respuesta fue inadecuada y que se necesitaban reformas. En 2006, el Congreso aprobó la Ley de Reforma de Gestión de Emergencia Post-Katrina, que buscaba fortalecer a FEMA y asegurar que sus líderes tuvieran experiencia en gestión de desastres. Sin embargo, la administración actual parece estar en un camino opuesto, poniendo en riesgo los avances logrados en la última década.
### La Desmantelación de FEMA
Desde que asumió la presidencia, se ha observado un esfuerzo deliberado por parte de la administración de Trump para desmantelar FEMA. A pesar de haber firmado en 2018 una legislación que fortalecía la agencia, en su segundo mandato ha comenzado a eliminar programas clave que ayudan a las comunidades a prepararse para desastres. En abril, se eliminó el principal programa de becas para proyectos de preparación ante desastres, lo que ha dejado a muchas comunidades vulnerables sin los recursos necesarios para enfrentar emergencias.
Además, la administración ha nombrado a líderes en FEMA que carecen de la experiencia necesaria. Cameron Hamilton, el primer director en funciones, fue reemplazado por David Richardson, quien también carece de antecedentes en gestión de desastres. Esta falta de experiencia ha llevado a un éxodo masivo de personal capacitado dentro de la agencia, lo que ha debilitado aún más su capacidad para responder a emergencias.
La reducción del personal ha sido alarmante, con casi un tercio de los empleados de FEMA despedidos en un corto período. Este éxodo incluye a muchos de los expertos más capacitados que habían trabajado arduamente para mejorar la respuesta a desastres desde Katrina. La falta de personal y la inexperiencia de los nuevos líderes han generado un ambiente de incertidumbre y preocupación sobre la capacidad de FEMA para manejar futuras crisis.
### La Censura y la Desinformación
Otro aspecto preocupante de la administración actual es la censura de información crítica relacionada con el cambio climático y su impacto en los desastres naturales. Desde febrero, FEMA ha estado obligada a eliminar cualquier referencia al cambio climático de sus documentos internos y públicos. Esta censura no solo limita la capacidad de la agencia para abordar adecuadamente los desastres, sino que también ignora la realidad de cómo el cambio climático está exacerbando la frecuencia y severidad de estos eventos.
La falta de datos precisos sobre el impacto del cambio climático en comunidades vulnerables, como afroamericanos, indígenas y personas de bajos ingresos, es un grave error que podría tener consecuencias devastadoras. La administración ha impuesto nuevas condiciones que ralentizan la ayuda que FEMA puede proporcionar a los estados, lo que ha llevado a retrasos significativos en la asistencia a comunidades afectadas por desastres. Estos retrasos han sido evidentes en situaciones recientes, como las inundaciones en Texas, donde la respuesta del gobierno tardó días en llegar.
La presión sobre FEMA para que actúe con rapidez y eficacia es más importante que nunca, especialmente en un contexto donde los desastres naturales son cada vez más frecuentes. Sin embargo, la burocracia impuesta por la administración actual ha creado una capa adicional de obstáculos que impiden una respuesta ágil y efectiva. Expertos en gestión de emergencias han advertido que cada dólar invertido en preparación puede ahorrar entre cuatro y once dólares en pérdidas futuras. Ignorar esta realidad es un riesgo que podría costar vidas y recursos en el futuro.
La situación ha llevado a un grupo de casi 200 ex-empleados y actuales trabajadores de FEMA a firmar una carta en la que expresan su preocupación por los recortes y la falta de apoyo a la agencia. En la misiva, advierten sobre el peligro de repetir los errores del pasado y el riesgo de desmantelar una institución que ha sido fundamental para la gestión de emergencias en el país. La respuesta del gobierno ha sido descalificadora, acusando a los firmantes de ser parte de un sistema ineficiente que necesita ser reformado.
La gestión de emergencias en Estados Unidos se encuentra en un punto crítico. La falta de preparación y la eliminación de recursos esenciales podrían llevar a una catástrofe similar a la de Katrina. La historia ha demostrado que la inacción y la desinformación pueden tener consecuencias devastadoras. La comunidad y los expertos en gestión de desastres deben permanecer vigilantes y exigir una respuesta adecuada y efectiva ante los desafíos que se avecinan. La seguridad y bienestar de millones de estadounidenses dependen de ello.