El 11 de abril de 2025, en Pekín, Pedro Sánchez y Xi Jinping reafirmaron un compromiso conjunto con el derecho internacional, el multilateralismo y la estabilidad geopolítica. La cuarta visita oficial del presidente español a China en cuatro años no es un mero ritual diplomático. Es una señal clara de alineación estratégica en un contexto de erosión del orden global. Ambos líderes coincidieron en denunciar la ‘ley de la selva’ como amenaza real a la gobernanza internacional.
¿Por qué la reunión Sánchez-Xi marca un punto de inflexión en la política exterior española?
España ha pasado de ser un actor secundario en la relación UE-China a un puente activo. Su posición no es neutral: es proactiva y normativa. Sánchez reiteró el apoyo a la Carta de las Naciones Unidas, al derecho internacional humanitario y a los mecanismos de resolución pacífica de conflictos. Esto contrasta con posturas más ambivalentes de otros socios europeos.
El encuentro en el Gran Palacio del Pueblo no fue solo simbólico. Se acordó reforzar el diálogo en el marco del Consejo de Cooperación Estratégica España-China, con énfasis en energía limpia, logística ferroviaria y regulación de la inteligencia artificial.
¿Cómo afecta esta alianza al equilibrio económico entre la UE y Asia?
China es el segundo socio comercial de España tras Alemania. En 2025, las exportaciones españolas a China crecieron un 12,3 % interanual, impulsadas por productos agroalimentarios, maquinaria y vehículos eléctricos. Pero el impacto va más allá de los números.
La inversión china en infraestructuras logísticas en el sur de España —como el puerto de Algeciras y el corredor ferroviario Madrid-Valencia— ya genera 4.200 empleos directos. A su vez, España exporta normas técnicas europeas a proyectos chinos en África y Latinoamérica, convirtiéndose en exportador de estándares regulatorios.
Este intercambio no está exento de riesgos. La Comisión Europea ha advertido sobre la dependencia estratégica en baterías y tierras raras. España, sin embargo, negocia acuerdos bilaterales de suministro con cláusulas de transparencia de cadena de suministro, alineadas con el Reglamento de Productos Verdes de la UE.
¿Qué marco legal regula la cooperación bilateral tras la reunión?
No existe un tratado vinculante nuevo, pero sí una hoja de ruta operativa con tres pilares jurídicos:
- Actualización del Acuerdo Marco de Cooperación de 2005, con nuevos anexos sobre ciberseguridad y protección de datos.
- Incorporación de compromisos del Pacto Verde Europeo en los proyectos conjuntos de energía renovable.
- Adopción voluntaria de los principios de la Declaración de la ONU sobre Empresas y Derechos Humanos en licitaciones públicas mixtas.
Estos mecanismos no sustituyen el marco comunitario, pero sí lo complementan. La UE no ha objetado la iniciativa, lo que indica una tolerancia estratégica ante la diversificación de alianzas.
¿Qué impacto tiene esta alianza en la política regional y global?
La postura común sobre Irán, Ucrania y el Sahel no es retórica. España y China coordinan posiciones en el Consejo de Seguridad de la ONU y en la Conferencia de las Partes sobre Cambio Climático. Ambos países respaldan la reforma del Consejo de Seguridad para incluir más representación del Sur Global.
Este alineamiento refuerza la influencia de España dentro de la UE. También presiona a otros Estados miembros a adoptar posturas más coherentes frente a Estados Unidos y China. No se trata de elegir bandos, sino de construir multilateralismo operativo.
Datos Clave
- Pedro Sánchez ha visitado China cuatro veces en cuatro años, una frecuencia sin precedentes entre líderes europeos.
- El comercio bilateral superó los 42.700 millones de euros en 2025, con superávit español en agroalimentario y déficit en tecnología.
- Se firmaron 7 memorandos de entendimiento en Pekín, enfocados en hidrógeno verde, formación dual y gobernanza de la IA.
- España es el primer país de la UE en integrar el Marco de Inversión Sostenible de China en su Plan Nacional de Recuperación.
El mundo no se divide entre bloques, sino entre actores que defienden reglas y quienes las socavan. España y China, con diferencias ideológicas evidentes, han elegido el mismo lado: el del orden basado en normas, no en poder. Esa decisión tiene consecuencias económicas tangibles, impulsa reformas legales concretas y redefine el papel de la diplomacia europea en el siglo XXI.
