Antonio Ortega, presidente del Madrid Football Club entre 1937 y 1938, será exhumado en abril de 2026 de la fosa IX del cementerio de Alicante. Fue ejecutado por garrote vil el 15 de julio de 1939, a los 51 años. Sus restos yacían junto a los de otras 52 personas. Ortega es el único expresidente merengue omitido en la página web oficial del club. Su caso refleja la represión sistemática contra figuras institucionales republicanas.
¿Quién fue Antonio Ortega, el presidente del Real Madrid ejecutado por el franquismo?
Antonio Ortega nació en Rabé de las Calzadas (Burgos) el 17 de enero de 1888. Fue técnico y presidente del Madrid Football Club, nombre adoptado tras la supresión del título real por el gobierno republicano. No era solo un dirigente deportivo: fue gobernador civil de Guipúzcoa, director general de Seguridad bajo Negrín y comandante de milicias antifascistas vascas.
Su compromiso político lo llevó al Partido Comunista en 1937, según el historiador Hugh Thomas. Ascendió a coronel en el Ejército Popular de la República, liderando unidades clave en el frente sur.
¿Cómo terminó su vida en una fosa común de Alicante?
Tras la caída de la República, Ortega huyó a Alicante buscando embarcar rumbo al exilio. Fue capturado por tropas franquistas en marzo de 1939. Pasó por los campos de concentración de Los Almendros y Albatera, y finalmente fue recluido en el castillo de Santa Bárbara.
Allí sufrió un juicio sumarísimo, sin defensa ni garantías procesales. Fue condenado a muerte y ejecutado el 15 de julio de 1939. Su cuerpo fue trasladado al cementerio municipal y enterrado en una fosa común junto a 52 hombres más, todos víctimas de la represión inmediata posguerra.
¿Por qué su figura no aparece en la historia oficial del Real Madrid?
El club omite a Ortega en su listado de presidentes. La razón no es técnica ni documental: es política. Durante la dictadura, el Madrid Football Club recuperó el título de Real y reescribió su narrativa institucional. Ortega, asociado al régimen republicano y al comunismo, fue borrado del relato oficial. Su ausencia en la web del club no es un olvido: es una omisión intencional que persiste hasta hoy.
¿Qué implica la exhumación desde el punto de vista legal y económico?
La exhumación forma parte del Plan de Recuperación de la Memoria Histórica de la Generalitat Valenciana. Se inició en marzo de 2022 con financiación pública. Los trabajos se complicaron al descubrirse capas adicionales de enterramientos previos a los años 80, lo que obligó a ampliar el contrato un 20%.
El marco legal es la Ley de Memoria Democrática (2022), que obliga a las administraciones a identificar, exhumar y dignificar a víctimas de la represión franquista. Sin embargo, su aplicación es desigual: no hay financiación estatal obligatoria ni plazos vinculantes para los ayuntamientos.
¿Cuál es el impacto económico real de estas exhumaciones?
Cada exhumación cuesta entre 80.000 y 150.000 euros, según el Instituto de Derechos Humanos de la Universidad de Valencia. Los costes incluyen prospección geofísica, excavación forense, análisis genético y custodia de restos. En Alicante, el proyecto ha generado contratos locales para empresas de arqueología y antropología forense, pero carece de inversión en formación especializada o infraestructura permanente.
Datos Clave
- Antonio Ortega fue el único presidente del Real Madrid ejecutado por el régimen franquista.
- Fue asesinado por garrote vil, método reservado a delitos de «traición» bajo el Código de Justicia Militar de 1938.
- Su fosa (IX) forma parte de las 17 identificadas en el cementerio de Alicante con víctimas de la represión posguerra.
- La exhumación está financiada por la Generalitat Valenciana, no por el Real Madrid ni por el Gobierno central.
- La Ley de Memoria Democrática no obliga al club a reconocer su presidencia, pero sí exige a las administraciones locales actuar con diligencia.
El caso de Ortega trasciende lo deportivo. Es un indicador de cómo la memoria histórica sigue fragmentada: mientras las instituciones públicas avanzan con recursos limitados, los actores privados —como clubes con peso simbólico— eluden su responsabilidad ética. Su exhumación no solo devuelve dignidad a un hombre: pone en evidencia las grietas entre la ley, la historia y la memoria colectiva.
