En un reciente pleno de la Asamblea de Madrid, la presidenta Isabel Díaz Ayuso respondió a las acusaciones de acoso político lanzadas por la portavoz de Más Madrid, Manuela Bergerot. La discusión se centró en la hipocresía de la izquierda y el acoso que, según Ayuso, ha sufrido ella y su entorno desde que asumió el cargo. La presidenta no dudó en calificar a Más Madrid como el partido que más promueve el acoso y el odio en el ámbito político.
La intervención de Ayuso fue contundente. Al responder a la pregunta de Bergerot sobre las medidas que el Gobierno de la Comunidad de Madrid implementaría para erradicar el acoso en redes sociales, Ayuso replicó: «Acoso eres tú». Esta afirmación se enmarca en un contexto donde la presidenta ha sido objeto de insultos y ataques personales, que ella misma enumeró, incluyendo términos despectivos como «asesina» y «fascista». Ayuso destacó que este tipo de agresiones no solo la afectan a ella, sino también a su equipo y a otros políticos de su partido.
La presidenta también hizo referencia a incidentes específicos, como el acoso que ha sufrido Begoña Villacís, quien fue perseguida durante su embarazo, y los escraches que han tenido lugar en las universidades y en las viviendas de políticos no afines a la izquierda. Según Ayuso, estos actos son una forma de acoso que debe ser condenada y que refleja una cultura de odio que, a su juicio, ha proliferado en el discurso de ciertos partidos.
Por su parte, la portavoz de Más Madrid, Mónica García, intentó desviar la atención hacia la postura del Partido Popular sobre la educación afectivo-sexual en los colegios, argumentando que no se puede combatir el bullying sin abordar la influencia de la extrema derecha. Esta respuesta sugiere un intento de deslegitimar las críticas de Ayuso al acoso, al vincularlo con una agenda política más amplia.
El debate sobre el acoso político ha cobrado relevancia en los últimos años, especialmente en el contexto de la polarización política en España. Las redes sociales han amplificado las voces de apoyo y de rechazo, convirtiéndose en un campo de batalla donde las agresiones verbales son cada vez más comunes. Este fenómeno ha llevado a muchos políticos a exigir medidas más contundentes para proteger a los representantes públicos de ataques personales y acosos.
La situación en la Asamblea de Madrid refleja un microcosmos de la política española, donde las acusaciones de acoso y la defensa de la libertad de expresión chocan de manera constante. La retórica utilizada por Ayuso y su respuesta a las críticas de la izquierda son un ejemplo de cómo el acoso se ha convertido en un tema central en el debate político, con cada partido tratando de posicionarse como defensor de la ética y la moralidad en la política.
Además, el contexto de la discusión se ve agravado por la llegada de un nuevo diputado a las filas de Más Madrid, Fernando García, quien sustituye a Loreto Arenillas. Este cambio se produce en medio de acusaciones de acoso sexual dentro del propio partido, lo que añade una capa de complejidad a la narrativa de acoso que Ayuso ha presentado. La presidenta no perdió la oportunidad de recordar a Bergerot que su nuevo compañero de partido está en el cargo debido a un escándalo de acoso, lo que, según ella, pone en tela de juicio la legitimidad de las críticas que recibe.
El intercambio entre Ayuso y Bergerot no solo pone de manifiesto las tensiones entre los partidos políticos en Madrid, sino que también refleja un problema más amplio en la política contemporánea: la dificultad de mantener un debate civilizado en un entorno donde el acoso y la descalificación parecen ser tácticas cada vez más comunes. La respuesta de Ayuso, al señalar el acoso que ha sufrido, busca no solo defender su posición, sino también poner de relieve la necesidad de un cambio en la cultura política, donde el respeto y la civilidad sean la norma, en lugar de la excepción.