La igualdad de género ha sido un tema de creciente relevancia en las últimas décadas, y aunque Europa se presenta como una de las regiones más avanzadas en este ámbito, las desigualdades persisten, especialmente en el sector de la salud. Un reciente informe del Instituto Europeo de Igualdad de Género (EIGE) revela que, a pesar de los avances en la equidad de género, las mujeres siguen enfrentando desafíos significativos que afectan su bienestar y calidad de vida. Este artículo explora las desigualdades de género en salud, centrándose en los datos más recientes y en el contexto específico de Andalucía.
**Desigualdades en el Mercado Laboral y su Impacto en la Salud**
El informe del EIGE destaca que, aunque la participación de las mujeres en el mercado laboral ha aumentado, las disparidades salariales siguen siendo alarmantes. Las mujeres europeas ganan, en promedio, un 23% menos que sus contrapartes masculinas. Esta brecha se amplía en el contexto de las parejas con hijos, donde las mujeres perciben un 30% menos que los hombres. Las mujeres jóvenes, migrantes y con un nivel educativo bajo son las más afectadas, llegando a ganar la mitad de lo que perciben sus parejas masculinas.
Estos datos no solo reflejan una desigualdad económica, sino que también tienen un impacto directo en la salud de las mujeres. La precariedad laboral y los bajos ingresos están relacionados con un acceso limitado a servicios de salud de calidad, lo que a su vez afecta su bienestar físico y mental. Además, las mujeres suelen asumir la mayor parte de las responsabilidades de cuidado no remuneradas, lo que incrementa su carga emocional y física. La encuesta CARE del EIGE revela que un 42% de los hombres y un 33% de las mujeres creen que las madres deberían quedarse en casa cuando no hay servicios de cuidado infantil disponibles, perpetuando así los estereotipos de género que limitan la participación de las mujeres en el ámbito laboral.
La percepción de que los hombres son más competentes en las tareas domésticas también contribuye a esta desigualdad. Casi la mitad de los hombres europeos creen que sus trabajos son más exigentes, una opinión que comparten menos las mujeres. Esta creencia no solo afecta la dinámica familiar, sino que también influye en la salud mental de las mujeres, quienes a menudo sienten la presión de cumplir con múltiples roles, lo que puede llevar a un aumento en los niveles de estrés y ansiedad.
**La Brecha de Género en Salud en Andalucía**
En el contexto de Andalucía, el Informe de Salud y Género 2025 revela que un 74% de las mujeres adultas perciben su salud como buena, en comparación con el 83% de los hombres. Esta diferencia de casi diez puntos se amplía en la población mayor de 64 años, donde la brecha alcanza los 17 puntos. Las mujeres de clases sociales menos privilegiadas y aquellas con menor nivel educativo reportan una percepción de salud significativamente peor que sus pares masculinos y que las mujeres de clases más altas.
Más de la mitad de las mujeres con estudios primarios o inferiores consideran que su salud es mala o muy mala, en contraste con solo un 10% de las mujeres con estudios universitarios. Esta disparidad se relaciona con la prevalencia de enfermedades crónicas, ya que el 60% de las mujeres adultas en Andalucía sufren de al menos un problema de salud crónico, en comparación con el 50% de los hombres. Los padecimientos como el dolor crónico, la artritis y la artrosis son más comunes en mujeres, lo que afecta su calidad de vida y bienestar general.
La salud mental también presenta una notable brecha de género. En Andalucía, el doble de mujeres que hombres reportan sufrir de depresión o ansiedad. Esta situación es preocupante, ya que la salud mental es un componente crucial del bienestar general y está íntimamente relacionada con otros determinantes sociales y económicos. La pandemia de COVID-19 ha exacerbado estos problemas, aumentando los niveles de estrés y ansiedad entre las mujeres, quienes ya enfrentaban una carga desproporcionada de responsabilidades.
El EIGE señala que las desigualdades de género en salud son un obstáculo para alcanzar la igualdad en otros ámbitos de la vida social. La salud es un requisito previo para la participación activa en la sociedad, y las políticas públicas deben abordar estas disparidades de manera integral. La atención a la salud de las mujeres no solo es un asunto de justicia social, sino que también es fundamental para el desarrollo sostenible y el bienestar de toda la sociedad.
La persistencia de estas desigualdades en salud requiere una respuesta coordinada y efectiva por parte de los gobiernos y las instituciones de salud. Es esencial que se implementen políticas que no solo promuevan la igualdad de género, sino que también aborden las necesidades específicas de las mujeres en el ámbito de la salud, garantizando así un acceso equitativo a servicios de salud de calidad para todas las personas, independientemente de su género.
