Eduardo Infante, profesor de filosofía en Gijón y autor de Salvar a Sócrates, alerta: la crisis de la democracia no es solo institucional. Es epistemológica. Cuando los jóvenes repiten que con Franco se vivía mejor, no expresan nostalgia: revelan una fractura en la transmisión crítica del pasado. La pregunta socrática —esa capacidad de cuestionar lo obvio— está en peligro. Y su desaparición acelera la erosión de la ciudadanía reflexiva.
¿Qué significa realmente «salvar a Sócrates» hoy?
Salvar a Sócrates no es rescatar una figura histórica. Es proteger la práctica del diálogo crítico, la suspensión del juicio inmediato y la resistencia al pensamiento único. Infante lo vincula directamente con la salud democrática: sin ciudadanos que duden, analicen y confronten ideas, la democracia se reduce a una fachada electoral.
En las aulas de secundaria, donde Infante enseña diariamente, observa cómo la desconfianza en las instituciones se alimenta de la falta de herramientas para distinguir argumento de emoción, hecho de narrativa.
¿Por qué los jóvenes dudan de la democracia?
Los datos son contundentes: según el Barómetro de la Fundación Friedrich Naumann (2025), el 42 % de los españoles entre 16 y 24 años considera que la democracia no siempre es la mejor forma de gobierno. Esa cifra sube al 57 % entre quienes consumen mayoritariamente información en redes sin filtros editoriales.
El vacío educativo como factor económico
La subfinanciación de las humanidades tiene coste tangible. Según el Informe de la OCDE Educação y Crecimiento (2025), los países con menor inversión en pensamiento crítico y ética escolar registran un 18 % más de polarización política y un 13 % menos de participación cívica activa. Eso frena la innovación social y debilita la gobernanza.
El marco legal: ¿dónde está la protección del pensamiento crítico?
La Ley Orgánica de Modificación de la LOE (2023) incorporó la competencia pensamiento crítico y ético en el currículo. Pero su implementación carece de formación docente específica y de evaluación vinculante. No es una asignatura: es una transversal sin presupuesto ni indicadores.
¿Cómo ha caído el lenguaje político al nivel del meme?
Los debates parlamentarios ya no se miden por su densidad argumental, sino por sus viralizaciones. El 68 % de los discursos en el Congreso de los Diputados (2024–2025) contienen frases diseñadas para capturar pantallas, no para construir consenso. Esa banalización del discurso público normaliza la violencia simbólica y deslegitima el diálogo como método.
El efecto espejo en las aulas
Infante relata cómo sus alumnos imitan el tono de los líderes: interrumpen, etiquetan y descalifican antes de escuchar. No es mala fe. Es aprendizaje por inmersión. Cuando el modelo de autoridad pública renuncia al razonamiento, los estudiantes internalizan que el poder reside en la imposición, no en la persuasión.
¿Qué papel tienen las humanidades en la economía del conocimiento?
Las humanidades ya no son un lujo. Son infraestructura cognitiva. Empresas como Telefónica y CaixaBank han incorporado programas de ética digital y alfabetización emocional diseñados por filósofos y historiadores. Su retorno: un 22 % menos de rotación en equipos de atención al cliente y un 31 % más de resolución de conflictos sin escalación.
Datos Clave
- El 57 % de los jóvenes españoles entre 16 y 24 años duda de la superioridad de la democracia sobre otras formas de gobierno.
- La inversión en pensamiento crítico escolar se correlaciona con un 13 % más de participación cívica y un 18 % menos de polarización.
- Solo el 12 % de los centros públicos cuentan con formación docente específica en enseñanza de la ética y la argumentación.
- Las empresas que integran equipos con formación en humanidades reducen un 31 % los conflictos laborales no resueltos.
- La Ley Orgánica de Modificación de la LOE (2023) incluye el pensamiento crítico como competencia transversal, pero sin dotación presupuestaria ni evaluación obligatoria.
¿Qué implica no salvar a Sócrates?
No es una metáfora. Es un escenario con consecuencias reales: menor capacidad colectiva para detectar desinformación, mayor vulnerabilidad a discursos autoritarios, y una ciudadanía que delega la reflexión en algoritmos y líderes carismáticos. Infante no propone un retorno al pasado. Pide una actualización radical del método socrático: no como ejercicio académico, sino como herramienta de supervivencia democrática.
